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CONTRAPUNTO

(Por Irving Sánchez) Martes, 25 de Junio de 2019 -- 9:32 am

  

                                             

Priistas excluidos, de las decisiones del PRI

La esperanza muere al último

 

 

EL NUEVO FORMATO ES OTRA FARSA

Todo suponía que la elección del nuevo dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), exigiría absoluta transparencia, apegada a los “valores democráticos y éticos” de la institución, marcada por viejas prácticas monopólicas e impositoras del selecto grupo “Atlacomulco”, hoy fragmentado y casi extinto, después de haber sido cuestionado y juzgado por la sociedad mexicana, en el que quizá haya sido el peor episodio electoral, desde el año dos mil cuando se dio la primera alternancia. Se creía seriamente que no volvería a ganar la Presidencia de la República, ni se levantaría de la derrota.

El descontento de la gente con los priistas cambió en tan sólo doce años, en que gobernaron los panistas Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa, portavoces del reclamo de un cambio positivo para el país, después del firme compromiso de trabajar por el bien común, el progreso y la prosperidad de una nación empobrecida y prácticamente abandonada por sus gobernantes, incapaces de enfrentar los embates del crimen organizado, que comenzó a expandirse por todas partes, sin que el pueblo recibiera ninguna señal de alivio sobre la violencia y la inseguridad hoy casi indestructibles.

En las últimas semanas, suman varios personajes identificados por décadas con el PRI, que decidieron renunciar a seguir siendo parte de una farsa del poder político y desnudaron aún más, la verdadera esencia del partido tricolor y de toda la cloaca, que privilegió las candidaturas de un circulo de personajes, allegados a los líderes de la cúpula nacional, de la que se desprenden las dirigencias estatales para manipular las nominaciones con las que premiaban a sus más cercanos amigos, colaboradores y en ocasiones hasta sus familiares.

Pero esos periodos de dominación popular, atrapados en la pobreza de miles de familias mexicanas a las que compraban sus votos con migajas y frases prometedoras e ilusorias, se fueron transformando a la realidad que se vive en nuestros tiempos, en los que el futuro de las nuevas generaciones se desconoce.

Sin embargo, en esta primera entrega del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, no es muy alentador como él mismo, dueño del Partido Movimiento Regeneración Nacional “morenista”, hacía que la población imaginara en su larga campaña en la que recorrió todo el territorio nacional, sembrando la semilla de la esperanza de México, la cual no es propiamente el paraíso sino contrario a sus promesas, se asemeja al infierno en la flamante y mal llamada Cuarta Transformación.

La tradición de irse a la cargada para elegir a algún dirigente, mediante una verdadera consulta se remonta a una convocatoria amañada en la que participa diversas figuras, pero sólo una forma de ganar, mediante la “chapuza” y el juego sucio.

Sobre estos vicios cuaternarios, se volverá a elegir el próximo líder nacional del Revolucionario Institucional, debilitado aún más por la crítica de quienes han renunciado a seguir siendo cómplices de prácticas monopólicas amañadas y de juegos perversos, de quienes han llevado al PRI al fracaso vergonzoso y absoluto.

Con estas malas acciones, el sentido de restructuración de quienes representan al partido tricolor es totalmente falso. Así no van a llamar la atención de los simpatizantes, pues el poder gira en torno a unos cuantos privilegiados, que en cada proceso de elecciones levantan la mano y reaparecen con nuevas promesas; así han funcionado por años.

Hoy los parámetros y mediciones de popularidad de los priistas, siguen marcando una tendencia ciudadana reprobatoria y la salida de gente reconocida no sólo por esta institución, sino por toda la sociedad mexicana indudablemente traerá peores repercusiones, más polémica y conflictos internos.

Después de noventa años el viejo PRI, sigue siendo sustancialmente el mismo. Sin embargo, no es el partido (que es casi perfecto), sino quienes lo han representado, mujeres y hombres que no han estado a la altura de la confianza que el partido les dio.

Así se refirió este lunes el ex líder del Comité Ejecutivo Nacional y hoy flamante diputado René Juárez, quien logró cobrar la factura como recompensa después de haber soportado la derrota del 2018 y la candidatura le dio nuevo aire de supervivencia política y ha decidido hacerse a “un ladito” para deslindarse de su participación en la contienda interna por la dirigencia nacional y; pese a que aún no lo declara abiertamente este dirigente tricolor está más para allá que para acá, tanto sentenció, ¡dejen de habar mal del PRI!, y así se queda por el momento este capítulo.

 

POCO CREÍBLES LAS

EXPECTATIVAS EN HIDALGO

 

Sería muy aventurado creer que el gobierno del estado de Hidalgo, podrá eliminar la desconfianza ciudadana y el descontento con el PRI, cambiado el panorama derrotista a corto plazo, en medio de un ciclo de distintas reacciones, dentro y fuera del grupo político sobre una sociedad que se vuelve a mostrar indiferente y probablemente, con menos participación en el proceso del 2020. Ante los mismos líderes que siguen mostrando una política de monopolio y de intereses personales, entendiendo esta práctica distintiva sin exageración y ante todo con la realidad que vivimos sobre los fragmentos de una clase de política al filo de la extinción, que ante la aguda crisis de popularidad se empieza a transformar en una parte del federalismo su único final feliz, sería el cruel e irónico PRI-MOR. 

Pasando a los asuntos que podrían ser un diseño útil para las votaciones en las que se renovarán las 84 alcaldías, es imposible imaginar a una sociedad dependiente de la compra de votos aceptando el engaño de los quienes se dirán nuevamente benefactores del pueblo.

Aunque por una u otra razón, siempre habrá pobres y necesitados sobre los que descienden los políticos en todas las modalidades y de todos los partidos para “tenderles la mano”, a cambio del sufragio ciudadano cuya naturaleza se va transformando en la simulación como ejemplo marcado por los políticos que deciden emprender el camino (a veces corto a veces largo, según sea la relación con su padrino) del engaño y la traición.

A pesar de todo, hay quienes piensan que el descontento de la gente se mantiene estancado en el PRI, pero el caso es que también se ha extendido al Partido Acción Nacional (PAN), al Partido de la Revolución Democrática (PRD) y más allá; hasta tocar la austera representatividad de Morena en el congreso local, con las y los diputados saltarines muy limitados en sus capacidades para legislar con proyectos propios, para  corresponder al reflejo de AMLO en las urnas y que en pocos meses de la “4T”, la ciudadanía muestran un claro arrepentimiento que no ve ni siente ningún cambio; ni más ricos ni más felices que antes.

Principalmente priistas y panistas, se preparan para la exclusividad en las futuras candidaturas dando origen a la fuga de líderes, con sus grupos de simpatizantes inconformes que desde estos momentos buscan ser figuras independientes, mientras los reflectores de la marquesina morenista se van apagando poco a poco.

Hay desinterés ciudadano por participar por el descarado dominio de líderes, sobre los que pesará la derrota del 2020 en las presidencias municipales, si insisten en abanderar a las y los ex candidatos, que escenificaron el peor desastre del tricolor, sin remedio alguno el año pasado.

La gente se ubica en todos lados de la política, pero a medida que avancen los meses y los resultados del nuevo orden presidencial, no cumplan con las esperanzas de lograr un cambio real en México, las críticas de los opositores tendrán mayor eco, que señalará directamente a López Obrador y a todos los representantes de Morena, que indudable se reflejará en las boletas devolviendo la confianza del voto a la elite del PRI y obligará a reflexionar sobre el destino de los hidalguenses… hasta entonces.


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