No, no es solo la cuesta de enero: ¡también son los nuevos impuestos! Así es, lectores, parece que este mes es interminable, debido a los constantes gastos a los que debe hacer frente nuestro bolsillo. Aquí te explico por qué se siente más pesado.
Para entender la razón principal, es necesario recordar la guía de cambios fiscales para este año. A partir del primer día de 2026, se incrementaron impuestos a refrescos, cigarros, gasolina y plataformas digitales; se gravaron cuentas de ahorro, pólizas de seguro, aranceles a mercancías chinas e incluso a los futbolistas que participarán en la Copa del Mundo que se celebra este año en los países de Norteamérica. A esto se suman modificaciones legales para detectar facturas falsas.
¿El objetivo? Estos cambios fiscales están enfocados en buscar mayores ingresos. La meta es recaudar 5.8 billones de pesos, un 5.7 % más que lo recaudado en 2025.
El discurso es el mismo: reforzar la fiscalización, aumentar la recaudación y cerrar las brechas de evasión fiscal. Sin embargo, la realidad es que en nuestro país se pagan impuestos, como si tuviéramos servicios de naciones desarrolladas, pero recibimos muy poco a cambio. Se supone que los impuestos son para vivir mejor, pero lo único que obtenemos es vivir más caro.
Para dejarlo más claro, en nuestro país pagamos por trabajar (ISR), por consumir (IVA) y por trasladarnos (IEPS). ¿Y qué recibimos? Calles llenas de baches, que vuelven a golpearnos y dejan las suspensiones de nuestros vehículos destrozadas; transporte público caro, inseguro e ineficiente; escuelas públicas que cobran cuotas “voluntarias, porque no hay presupuesto; hospitales con servicio “gratuito, pero donde las medicinas las debes comprar tú. Además, tienes que adquirir cámaras de seguridad, rejas, alarmas y contratar guardias privados, porque la seguridad pública nunca llega, y de la gasolina ya ni hablar.
Los impuestos encarecen toda la cadena de precios: el camión, el reparto, el supermercado, los servicios, etcétera. Todo sube. Los impuestos llegan a todos los rincones de tu vida y el gobierno se aferra a seguir exprimiendo al contribuyente cautivo: al asalariado, al pequeño negocio formal, al ciudadano que sí cumple.
La tarea pendiente sigue siendo una verdadera reforma fiscal, estructural y transversal, que vaya por ese 50 % de la economía que no paga impuestos; que amplíe la base fiscal; que cambie la forma de cobrar impuestos, para que quienes tienen más contribuyan más; que no solo piense en incrementar tasas, sino que cierre huecos fiscales, ordene exenciones, fortalezca la administración tributaria y alinee incentivos para estados y municipios.
Esta es la única solución para impulsar el crecimiento económico, ya que permitiría reorientar el gasto y fomentar la inversión. En repetidas ocasiones, en este espacio de opinión lo he escrito: las condiciones están dadas. En ambas cámaras de legisladores, se cuenta con mayoría. Esta reforma es mucho más importante que una reforma judicial o electoral; destrabar el potencial de este país pasa por una reforma fiscal de fondo.
Cada peso que el gobierno recauda y administra mal, es un servicio que no llega, una obra que no existe, una vida más cara.
El problema no es contribuir; el problema es contribuir a un país que cobra como potencia, gobierna como país pobre y responde como si no debiera explicaciones a nadie.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *