Un caso que ha sido muy sonado y que fue noticia mundial, fue la captura y traslado de Nicolás Maduro de Venezuela a Estados Unidos.
En columnas anteriores hemos hablado sobre la detención e incluso opinado respecto al proceso y las atrocidades cometidas por la dictadura venezolana y las diversas violaciones a derechos humanos, realizadas durante el mandato de quien hoy se encuentra detenido.
Sin embargo, hay un tema que parece que no puede ni debe de ser soslayarse. Es la forma del traslado y a la primera fotografía que fue subida por el propio gobierno de nuestro país vecino, donde se muestra al ahora imputado, con los ojos cubiertos y los oídos inhibidos por unos aparatos establecidos para ellos.
Es importante señalar que los actos que se realizan en contravención al derecho y a la justicia, no se miden por las personas a las que son ejecutados sino por el acto mismo. Es decir, en la injusticia, es irrelevante quien resiente el acto, sino que se haya realizado el acto en sí mismo.
En consecuencia, el hecho de haber disminuido la capacidad física y psicológica de una persona durante una detención y un traslado en sí mismo, es un acto de tortura o trato cruel, que se encuentra prohibido a nivel internacional por diversidad de convenciones.
Aquello que aun parece más sorprendente, es que dicha imagen ha dado la vuelta al mundo y no fue señalada ni criticada por nadie. Si bien en su mayoría repudiamos las acciones que se le imputan al señalado dictador, en un acto de congruencia no podemos dejar de observar actos que igual pueden ser considerados de tortura.
Que cada acto de injusticia y de degradación a los derechos humanos, no solo debe de ser señalado sino repudiado por el bien de nuestro mundo.
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