Esta semana, la iniciativa de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, no tuvo el suficiente respaldo legislativo para concretarse. Se quedó –como se había anticipado–, en un proyecto que no contó con el apoyo de los partidos aliados de Morena.

De tal manera, que la mandataria tuvo que presentar lo que será el “Plan B” de dicho proyecto, que según se dijo, busca eliminar los privilegios de los Congresos locales, en cuanto ingresos de los legisladores y regidores.

Por otro lado, se pretende fortalecer la consulta popular ampliando la participación de los ciudadanos en temas específicos. Un ejemplo, sería someter a consulta, el presupuesto de los partidos políticos.

Dicho por adelantado, esta propuesta ampliamente respaldada por las personas, puesto que los montos que reciben estos institutos políticos son muy altos y su nivel de aceptación popular es muy bajo.   

Es decir, cuentan con una imagen muy negativa por lo oneroso de su gasto corriente y de operación. Hay que decir que los funcionarios que laboran ahí, son muy bien remunerados y cuentan con algunas canonjías que también los convierten en burocracia de oro.

Pero más allá de lo que venga en la materia electoral, la verdadera enseñanza de este amago legislativo de la presidenta, es que hay disparidad de criterios en la coalición gobernante. Quizá, se trata de un desgaste natural del ejercicio del poder o, probablemente el inicio de un rompimiento anunciado.

Cualquiera que sea el diagnóstico la presidenta, al final del día tiene una victoria por desenmascarar a los avariciosos que no quieren eliminar las figuras de la representación proporcional y someterse al ejercicio de las urnas.

También, la presidenta se da cuenta de quienes realmente respaldan su proyecto de gobierno y quienes tienen intereses personales y de grupo, dentro de la élite que no está dispuesta a perder sus privilegios.

La anterior fue una jugada atrevida, porque ocurre antes de un año electoral donde los especialistas recomiendan sumar aliados y no restar. Pero sirvió para acomodar piezas y conocer posturas para decidir en lo posterior.

Mucho se ha comentado sobre los costos de este posible rompimiento de la coalición gobernante, pero en términos generales, ayudará a reivindicar el apoyo popular de la 4T, aun rompiendo con las élites partidistas del partido del trabajo y del verde ecologista.

Aquel apoyo ciudadano será posiblemente la ganancia que tiene la postura de la presidenta, quien ahora parece emprender una embestida por el presupuesto excesivo en órganos de representación estatales y municipales.

Y esto no tiene ninguna resistencia, la mayoría de las personas juzgan excesivos los gastos citados de los diputados locales y regidores. De tal manera, que veremos en los próximos días, una nueva batalla donde seguramente Sheinbaum tendrá un amplio respaldo social.

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