Por Aarón Jiménez
Hidalgo vive un momento de transformación económica sin precedentes. Es justo reconocer el liderazgo del Gobernador Julio Menchaca Salazar, quien a través de ocho paquetes de inversión estratégica, ha logrado captar capitales que están redibujando el mapa industrial de nuestra entidad.
La consolidación de sectores como el farmacéutico en el PLATAH, con la llegada de Laboratorios Carnot, o la manufactura especializada de empresas como WEG y Arteche en otros puntos del estado, son prueba de que Hidalgo es hoy un destino de confianza para el mundo.
Sin embargo, al aterrizar la mirada en nuestra región, el panorama nos obliga a una reflexión profunda. Recientemente se anunció para Tulancingo una inversión de 398 millones de pesos, destinada a generar 400 empleos para jóvenes universitarios. Aunque la cifra es una noticia alentadora para nuestras familias, nos sitúa ante una interrogante técnica fundamental: ¿Qué empresa es y dónde se va a instalar?
En la gestión pública, como en la ingeniería, lo que no tiene ubicación ni proyecto ejecutivo, difícilmente se materializa con éxito. Mientras otros municipios del estado se preparan con infraestructura, servicios y certidumbre jurídica, en Tulancingo seguimos arrastrando el lastre de un parque industrial en Paxtepec, que ha permanecido en el olvido por años. No basta con esperar que las inversiones «caigan» por inercia desde el estado; un municipio que aspira a la grandeza, debe ser un facilitador activo, no un espectador de boletines.
Analizando el perfil de la inversión anunciada —donde cada empleo proyectado representa casi un millón de pesos de capital—, es evidente que hablamos de sectores de alta especialidad. Podríamos estar ante servicios digitales o manufactura tecnológica de alto valor, similares a los modelos de empresas que ya operan en corredores más competitivos.
Si Tulancingo no ha figurado con la fuerza necesaria en los grandes anuncios estatales previos, es porque nos ha faltado una visión técnica local que prepare el terreno: desde la garantía de servicios básicos e infraestructura hidráulica, hasta la conectividad real.
Los tulancinguenses merecemos más que cifras alegres en una nota de prensa; merecemos un municipio que actúe con la misma visión y velocidad que el Gobierno del Estado. Necesitamos claridad sobre sectores, ubicaciones exactas y fechas de ejecución.
El talento de nuestros jóvenes no puede seguir siendo un producto de exportación hacia otros municipios por la simple falta de espacios dignos y preparados en su propia tierra.
Reconocemos el esfuerzo estatal por traer desarrollo a cada rincón de Hidalgo, pero es urgente que Tulancingo esté a la altura de esa visión. Imaginemos un municipio que no solo espere la inversión, sino que salga a conquistarla con proyectos sólidos y cimientos reales.
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