En la atmósfera nacional se respira un tufo de desencuentros políticos; en particular, entre la alianza gobernante que conforman Morena, Partido del Trabajo y Partido Verde. Estos tres institutos tienen en el corto plazo lo que sería su primer gran reto de permanencia o ruptura.
¿Qué detonó este escenario? El punto de quiebre puede situarse en la reciente reforma electoral que la presidenta Sheinbaum presentó hace unos días y que contempla nuevos criterios en la asignación de diputados plurinominales.
Hay que recordar que esa figura otorga espacios en las cámaras (diputados y senadores), a quienes no ganaron en las urnas pero que pueden acceder a representantes según el porcentaje de votación que obtengan los partidos políticos que los postulan.
Bajo este marco, los aliados a la 4T (PT y PVEM) parece que no quieren acompañar esta iniciativa de la presidenta que desea eliminar este camino y crear otra alternativa, en la que todos los legisladores hagan campaña.
De esta manera se elimina la anterior dádiva a los partidos políticos de postular sin reservas los perfiles que consideraban pertinentes obedeciendo a “cuotas o cuates” de las élites políticas. Es decir, personajes que muy probablemente no ganarían una elección.
Ese punto es que ha trabado las negociaciones entre la coalición gobernante, que tiene la mayoría en las dos cámaras. Por tanto, el “problema” de esta iniciativa no se encuentra afuera del grupo en el poder, sino adentro.
Y por lo visto, la presidenta ya tomó una postura de no retorno ante esta situación. Ella presentó el documento en cuestión y dejo que sus aliados tomen una decisión al respecto. Ante tal circunstancia, hay dos posibles opciones a saber; apoyar el proyecto y mantener la alianza con miras al próximo proceso electoral del 2027, o bien; romper los acuerdos y caminar por separado no solo en las elecciones que se avecinen sino en el resto de la administración federal.
Creando los escenarios podemos decir que la ruptura traería graves consecuencias en los proyectos legislativos de la 4T, porque tendría que negociar con toda la oposición las reformas constitucionales al no contar con la mayoría en las cámaras.
Esta posibilidad se antoja arriesgada porque nadie en su sano juicio podría apostar –a la mitad del sexenio–, a quedarse sin aliados políticos que le permiten al gobierno tener control absoluto del legislativo.
Pero también es sabido que el sello Moreno es el mejor posicionado en el mercado político y que sus acompañantes, ganan más con esa alianza por su reducido porcentaje de votos que representan. Aun así, el PT y el PVEM han crecido regionalmente y pudieran tener vida propia alejados del proyecto morenista.
La moneda está en el aire y la reforma electoral se ha vuelto un petardo en el gobierno. En este contexto, podríamos estar en la antesala de una nueva configuración que seguramente cambiaría radicalmente el mapa político del país.
Esperemos que en este tiempo de definiciones los involucrados ponderen lo más y no se dejen llevar por lo menos. La coalición gobernante debe de mandar un mensaje de que su prioridad es un proyecto político y no una lucha por espacios de poder en las cámaras.
