Los recientes cambios en el calendario interno de Morena para designar a las personas que podrían ocupar un cargo de elección popular en el 2027, inciden en las decisiones de los otros partidos políticos que tendrán que adelantar sus propios tiempos.
Esto no solo reacomoda piezas en las élites, sino que mueve el tablero de distintos asuntos relacionados con las elecciones. Por ejemplo, los “prestadores de servicios” que se nutren de estos menesteres. Quiero decir, las encuestadoras, escuelas, academias o colegios que ofertan cursos sobre marketing político o sondeos de opinión y manejo de redes sociales.
Es sorprendente el mercado de “especialistas” que se activa al mismo tiempo que se aproximan los comicios. Las redes están saturadas de aquellos que se dicen expertos en neuromarketing (los más atrevidos hablan de neurociencia), capaz de adentrarse a la mente de los votantes y manipular la voluntad de aquellos a su antojo.
Como en todo, hay un mercado serio de quienes llevan años analizando estos temas y que incluso no necesitan promocionarse porque su prestigio es ampliamente conocido y reconocido. Pero deseo referirme a los que de la noche a la mañana se dicen gurús en materia electoral. Éstos, que no son más que oportunistas, que le apuestan a la ingenuidad o buena fe de quienes ingresan por primera vez a estos asuntos de la competencia electoral y que se dejan llevar por la fórmula fácil que parece infalible.
Hay que decir que no existe el manual perfecto, la estrategia mágica, el camino único para ganar todas las elecciones. Tal como lo venden algunos irresponsables. Al contrario, la base de toda aspiración es el trabajo en territorio, la identificación con un proyecto, el carisma (que no se vende en ningún lado) y otros factores como la coyuntura o el denominado timing político que se relaciona con el tiempo y la circunstancia.
De tal suerte que la materia electoral, como otras muchas cosas que ocurren dentro de los llamados fenómenos sociales, son impredecibles por todos los elementos que permean alrededor de cada espacio o sociedad.
Hay que tener mucho cuidado con aquellos que venden falsos escenarios políticos pero también con quienes los dan por válidos. Por citar un caso, ya hay algunos estudios demoscópicos que ponen sobre la mesa las preferencias electorales de los posibles candidatos en la elección para renovar gobernador en el 2028, en el estado de Hidalgo.
Qué cosa más absurda porque en dos años todo puede pasar. Pero también, las reglas del juego pueden modificarse (alianzas, coaliciones, reglas electorales, crecimiento o decrecimientos de distritos electorales, en fin), los criterios de la autoridad electoral sobre acciones afirmativas, designación de género, entre otros.
La anticipación con regularidad es buena. Ayuda a crear escenarios para tomar decisiones acertadas. Pero si desde ahora se hacen apuesta a futuro sin tener bases sólidas se pueden cometer muchos errores.
Hay casos de carreras políticas muy estables y ascendentes que se acaban de un día al otro por errores de los asesores o expertos en marketing. Por más anticuado que parezca hay que esperar a que las piezas se acomoden por sí mismas y, por otro lado, hay que erradicar a los charlatanes que venden espejitos por oro. Esos son muy nocivos para la democracia y merman la seriedad de aquellos que llevan años estudiando la materia electoral.
