El estrecho de Ormuz se encuentra en Medio Oriente y conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo. Su importancia radica en que es la salida por vía marítima de Medio Oriente, y por ahí se transporta casi el 20% del petróleo a nivel mundial y de gas natural.
En consecuencia, es una de las rutas comerciales más importantes del mundo y se encuentra controlado por Irán. Hoy con el conflicto existente, se ha controlado a tal grado su paso que se ha impedido la transportación de cualquier barco, que no sea aceptado por el régimen iraní.
En columnas anteriores hemos abordado el conflicto en medio oriente y hemos señalado cómo el régimen iraní, no apela a un final temprano del conflicto ni a una victoria militar respecto del mismo.
Contrario a ello, todo parece indicar que Irán ha previsto continuar con el conflicto sin importar el costo ni económico ni social, hasta desgastar a sus enemigos y obligar a una negociación ventajosa o por lo menos no tan desprestigiada para ellos.
Parece que uno de los puntos más importantes es el control del estrecho de Ormuz, puesto que al evitar que cualquier otro país comercie por el mismo los hidrocarburos, ha aumentado la exportación de petróleo iraní en especial hacia China.
La consecuencia, de manera indirecta la estamos viviendo en el resto del mundo: observar cómo suben los precios de la gasolina y los derivados del petróleo y, por ende, se ha generalizado una inflación global, que en mucho afecta la economía de cada persona tanto en nuestro país como en Estados Unidos.
La presión social, será una herramienta que cada día afecte más la política del presidente de nuestro vecino del norte y con ello un desgaste que implique, una posible salida del conflicto o hasta que ello ocurra, un desgaste global que afecta directa y directamente a todas las personas.
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