En el marco del proceso electoral más grande de México, hay un actor político que marca tendencia y domina el escenario, se trata del partido Morena que mantiene altos niveles de preferencia electoral.

No obstante, su volatilidad es muy peculiar. Sus pugnas internas, su falta de institucionalidad, su marcado sectarismo, entre otros, hace muy difícil pronosticar que ese movimiento se consolide de forma homogénea en todo el país.

Al contrario, ocurren fenómenos muy interesantes donde siendo gobierno (Morelos), tiene problemas severos para lograr la continuidad. O bien, donde cae con fuerza después de logar altos niveles de aceptación (CDMX).

En este movimiento de tablero, es muy difícil medir el peso real de este partido cuando todavía la figura de unificación es el presidente López Obrador. Aún así, el nuevo referente, Claudia Sheinbaum parece que será la heredera de una parte de ese liderazgo. Pero una vez que estas figuras caigan en su aceptación, el partido entrará en crisis.

Dicho de otra manera, Morena se ha vuelto un vehículo eficiente para ganar elecciones pero no en un partido fuerte, capaz de trascender a sus personajes fuertes.

Esta compleja realidad también se nutre de algunas decisiones poco acertadas. Por ejemplo, en la CDMX (bastión guinda en el país) fue muy complicado permear con la candidata Clara Brugada, cuando en las encuestas internas quedó en un lejano segundo lugar después de Omar García Harfush.

Los entendidos internos optaron por la ex delegada en Iztapalapa, antes que por el secretario de seguridad pública de la capital. Esta decisión esta dejando huella en un resultado que se hace de pronóstico reservado en la CDMX.

El desgaste es considerable y esta elección tiene por adelantado un gran ganador: Morena. Pero el instrumento parece muy desgastado. Habría que hacer cirugía mayor en los intersticios del partido y llevarlo más al terreno institucionalidad.

Los morenos parecen vivir en el eterno conflicto de ser oposición y gobierno a la vez. En su ADN se encuentra el fervor confrontativo y se ha dejado al margen, el impulso a nuevos cuadros y a la formación de una burocracia capacitada.

En el reino de la política parece que los guindas son buenos para hacer campaña, pero malos para administrar el poder. Y si esa regla se mantiene hay que ir pronosticando la muerte anunciada de un movimiento que no fue capaz de consolidarse.

En el estado de Hidalgo hay un bono amplio a favor de AMLO y su partido. Alcanza bien para tener un holgado resultado. Pero habría que ver las peculiaridades. El perfil de los candidatos, los rompimientos internos, los grupos dominantes, los orgánicos y los de reciente manufactura.

Todo lo anterior debe de cuidarse si está en el radar la continuidad de un proyecto. Pero todo parece indicar que el instrumento (Morena), tendrá que sufrir una metamorfosis para generar condiciones de competencia dentro de poco tiempo.

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