RECEPCIÒN A MAXIMILIANO EN TULANCINGO

Los edificios catalogados como monumentos históricos son las páginas que nos relatan parte la historia de una ciudad o pueblo. Se menciona que en la casa llamada de “Los Emperadores” en Tulancingo ubicada en Primero de Mayo casi esquina con Juárez, se hospedó el entonces emperador Maximiliano de Habsburgo:

“El 30 de agosto de 1865, Maximiliano llego de visita a Tulancingo y se le hizo una excelente recepción.

Fue alojado en la misma habitación, en la que en 1823 estuvo Iturbide, en esta época la casa era propiedad de Don Agustín Paredes hermano del general del mismo apellido (hoy propiedad de Don Agustín Disentis), para darle la bienvenida, el gremio de los artesanos estuvo representado por Don Miguel Guzmán, platero, Don David Castillo carpintero y  Don Refugio Martínez, comerciante en pequeño. Maximiliano les regalò un anillo un anillo con su monograma para que lo fueran usando durante el tiempo de su encargo, el presidente del gremio de artesanos.

El filarmónico Don José María Flores le dedicó una composición, por lo que le obsequio un reloj con las armas imperiales. En esta época era el prefecto de Tulancingo Don Agustín Rocoy y el presidente del Ayuntamiento Don Antonio Moreno  y Ordóñez. Maximiliano regresó el 2 de Septiembre.” Horizontes 31 de enero de 1967.

  En el libro MAXIMILIANO INTIMO, El Emperador Maximiliano y su Corte, Memorias de Un Secretario de Particular; José Luis Blasio escribió en las páginas 144 y 145  la siguiente versión sobre la visita de Maximiliano a Tulancingo:

“A Las 6 de la mañana del treinta y acompañados por una gran comitiva que nos dejó muy lejos de la ciudad, emprendimos nuestra caminata para Tulancingo, donde llegamos a las cuatro de la tarde.

 Esta ciudad, que tiene un aspecto muy distinto al de Pachuca, agradò mucho a Maximiliano; excuso decir  que allí, lo mismo que por doquiera, el Emperador fue recibido con grandes demostraciones de entusiasmo y simpatía. Hizo los honores de la ciudad, el Sr. Obispo además de las autoridades; y como de costumbre se nos sirvió una comida magnífica, con la originalidad de que cada una de las principales familias del lugar ofreció un platillo a la vez que enviaron artísticas cestas conteniendo legumbres y  frutas, pues Tulancingo es una localidad eminentemente agrícola, contrastando así con Pachuca su vecina donde no hay más industria que las minas.

El día treinta y uno, después de visitar las escuelas, la cárcel y el hospital, fueron en este último presentados al Emperador dos soldados mexicanos y dos austriacos, que habían sido dejados por muertos en el campo, después de una escaramuza con una partida de guerrilleros liberales…

A la comida de ese día, fueron invitados el obispo, el presidente municipal y los vecinos màs caracterizados habiendo puesto Su Majestad, antes de sentarnos, a la mesa, en manos del obispo, la cruz del comendador de la orden de Guadalupe y en las del Presidente Municipal, la de oficial de la misma orden…

Al día siguiente por la tarde se sirvió en un hermoso jardín, llamado JARDÌN DE ADALID, un banquete que ofrecieron al Emperador los artesanos de Tulancingo… Al obscurecer una larga comitiva de damas llevando cirios, nos acompañó hasta nuestro alojamiento…”  

Tenemos que reconocer los lugares donde se efectuaron estos  importantes eventos para la sociedad conservadora de aquella época; fueron  la casa de los Emperadores; casa que perteneció a la familia Desèntis en el siglo XX y que actualmente está en píe y El JARDÌN DE ADALID  que desapareció por completo y se situaba en Juárez frente a la Merced. Nos saludaremos la próxima semana.   

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