Por Arturo Hernández Cordero

El domingo 17 de abril se llevó a cabo una sesión ordinaria en el Congreso para dialogar y posteriormente votar la reforma eléctrica, la cual no fue aprobada teniendo 223 votos a favor por 275 en contra.
La reacción inmediata (y desde luego, prevista) de la cúpula de la 4T fue tildar de “traidores a la Patria” a todos los legisladores que votaron en contra de la Reforma. Incluso, la secretaria de Morena y Senadora, Citlalli Hernández y el dirigente del partido, Mario Delgado, han llamado a boletinar los nombres y rostros de los diputados que no respaldaron la reforma. Esto último es una clara muestra de intolerancia y falta compromiso democrático por parte de dos de las máximas figuras morenistas.
El sistema político mexicano consta de pesos y contrapesos. El Supremo Poder de la Federación está dividido en tres para su funcionamiento y de esta manera garantizar que nadie pueda ejercer un poder absoluto en México, dicho esto, votar en contra de una reforma promovida por el Ejecutivo Federal no representa de ninguna manera una “traición a la patria” como tanto pregona la cúpula de MORENA, más acto de traición representa el pretender ceder el poder absoluto a una sola figura política y hacer ley todas y cada una de sus determinaciones, tal y como pretenden los morenistas a día de hoy.
El grupo parlamentario MORENA ha hecho suyo el discurso patriotero que tanto emplea el Presidente para referirse a sus adversarios.
Durante 70 años, el país padeció las consecuencias de tener un modelo político de partido hegemónico en el que no existía un contrapeso real ante la voluntad del Poder Ejecutivo, por tanto, el condenar un acto de genuina oposición como lo fue votar contra la reforma eléctrica e instar al odio hacia los legisladores que lo hicieron, es signo de totalitarismo y una ignominia contra la democracia.
La reforma eléctrica de momento no va, lo que significa que México no tendrá que cambiar dos veces de modelo energético en menos de una década y todos los problemas que ello representa.
Está en el pueblo mexicano la responsabilidad de no permitir que se siga gestando en el país un Estado con tintes totalitarios como lo pretende la cúpula morenista

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