La desaparición de Debanhi Escobar, una joven de 18 años de Nuevo León, luego de haber acudido a una fiesta con un grupo de amigas en el municipio de Escobedo nos recuerda y nos recalca una vez más que los hombres y las mujeres nunca, nunca vamos a estar expuestos a la violencia de la misma manera.
Por ejemplo, son muchas las historias de hombres a quienes sus “amigos” abandonan en una fiesta, y que incluso amanecen en la calle borrachos e inconscientes pero sanos, salvos y con ropa. No fue el caso de Debanhi.
Con su historia no basta con culpar a las amigas, porque el problema no fue que la dejaran sola, el problema es que según las últimas indagatorias después de bajarse de un UBER a la mitad de la carretera, Debanhi pidió ayuda en las instalaciones de una empresa de transportes de carga de nombre “Alcosa”, lugar al cual entró por su propio pie pero del que nunca fue captada saliendo.
Y no importan las marchas, ni las manifestaciones ni las protestas, en México las mujeres no podemos caminar solas ni de día ni de noche, ni sobrias ni borrachas, ni en falda ni en pijama. Ni en la calle ni en la escuela ni en casa. No podemos confiar ni en maestros, novios, primos incluso padres.
La evidencia es clara si nos atenemos a las cifras oficiales, hay 24 mil niñas y mujeres reportadas oficialmente como desaparecidas, justamente como ocurre con el caso de Debanhi, y a quienes sus familias buscan desesperadamente, armados con picos y palas en fosas clandestinas, ante la ausencia de las autoridades y ante un Estado incapaz de garantizar la supervivencia de sus ciudadanas.
Es cierto…. “a los hombres también los matan”, pero a las mujeres nos matan, violan, acosan, tocan sin nuestro consentimiento, nos venden, nos hacen preferir morir que seguir aguantando la tortura.
Y como dice Lady Beltrán, aún así nos culpan por ello

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