Por Augusto Hernández Abogado

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer.
En ese claroscuro surgen los monstruos”
Antonio Gramsci Dice el dicho: “No hay plazo que no se venza” y finalmente, el pasado domingo 10 de abril se llevó a cabo el ejercicio ciudadano denominado Revocación de Mandato.
Ya antes en este espacio, había sostenido que la puesta en marcha de dicho ejercicio es en sí mismo, excluyente y polarizante, puesto que todo el ejercicio cívico se traduce en expresar la voluntad ciudadana a través de un: “se va o se queda” un gobernante.
Si bien los partidos políticos, según determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no podían tomar parte del ejercicio de participación ciudadana, fue evidente que sí lo hicieron y lo hicieron todos en menor o mayor medida.
Unos a favor de la participación ciudadana y de una de las opciones a elegir, otros simplemente por promover la no participación ciudadana en el ejercicio de revocación de mandato.
Lo lamentable, mintieron los partidos promotores de ambas posturas. Mintieron quienes en aras de la promoción del Presidente de la República, a quien abanderaron como su mejor activo político, descalificaron permanente al árbitro y a las propias reglas de un proceso legislativo que modificaron y desatendieron a conveniencia.
Mintieron también quienes buscaron desincentivar la participación ciudadana, emitiendo argumentos falaces sobre los costos de esta democracia, sobre los efectos vinculantes del ejercicio ciudadano, sobre una exagerada defensa hacia el árbitro electoral.
Mucha de la discusión que se apreció en redes sociales, giró en torno a ambas posturas partidistas: ciudadanía debatiendo con argumentos partidistas, lo que convirtió a esa ciudadanía en militancia partidista, lo cual por supuesto nada de negativo tiene, sin embargo, hay que mantener claridad en los argumentos utilizados en la discusión.
Para bosquejar en torno a la pregunta que da título a estas líneas, vale la pena reflexionar no desde la discursividad partidista, sino desde la discursividad ciudadana. La revocación de mandato es una conquista ciudadana que no debe mirarse como patrimonio de ningún partido político y así vale la pena pensarla, como un triunfo ciudadano.
La discusión inclusive no debe agotarse en torno a este mecanismo de participación ciudadana, hay entonces que discutir sobre las estrategias que adoptamos las y los ciudadanos frente a lo que no se está de acuerdo en los asuntos públicos y veremos que no hay suficiente coherencia argumental en la discursividad partidista, utilizada en ambas posturas.
La ciudadanía debe apropiarse de todo tipo de mecanismos participativos en la democracia directa y lo sucedido este domingo, al margen de la contrapuesta discursiva partidista, debe señalarse como un triunfo de la ciudadanía. Imaginar el poder revocar un mandato presidencial hace 4 o 10 años, era un sueño.
Los porcentajes de participación ciudadana en ejercicios de participación ciudadana (distintos a los procesos electorales), ha estado entre el 7% y el 10% a nivel municipal.
La Consulta Popular de 2021, tuvo una participación porcentual del 7%, mientras que en la Revocación de Mandato los niveles ascendieron un 17-18%.
Los mecanismos de participación ciudadana llegaron para quedarse y constituyen hoy, un patrimonio ciudadano. De esto no tengo duda, por lo que puedo afirmar que en este ejercicio participativo, ¡ganó la ciudadanía!

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