En esta semana, en el estado de Hidalgo, tenemos los registros ante la autoridad electoral de quienes decidan participar en el proceso de renovación de gobernador a celebrarse el próximo mes de junio. A juzgar por los procesos internos de los partidos políticos, tendremos tres registros.

Por un lado, la abanderada de la coalición que forma el PAN, PRI y PRD, Carolina Viggiano; el aspirante Julio Menchaca quien es postulado a una candidatura común encabezada por Morena, PT, PANAL y PV; por último, Francisco Berganza, abanderado de MC.

De tal suerte, que este trámite administrativo marca el inicio de una etapa que comenzará el tres de abril con candidatos formalmente registrados para que los ciudadanos con su voto decidan quien los gobierne hasta el 2028. 

Es la primera vez que en territorio estatal, las encuestas marcan una diferencia significativa entre el otrora partido dominante y la oposición. Es decir, en este nuevo panorama, el gran favorito para ganar la contienda es Morena antes que el PRI.

Esto parecía inaudito hace algunos años, cuando el partido en el gobierno habría tenido un férreo control del escenario político – electoral, en esta entidad que osaba calificarse como “bastión del PRI”.  

Los nuevos tiempos se han acompañado de una configuración distinta, donde el acomodo de piezas trae al escenario cuestiones difíciles de explicar. Una coalición entre quienes hace poco eran acérrimos adversarios (PRI, PAN y PRD).

Aún más, para hacer posible el entuerto político antes mencionado, el mecanismo que se utilizó fue que la candidata del PRI fuera nominada por el PAN y respaldada por el PRD, para hacer posible que la militancia local del tricolor, quedara fuera de la jugada.

También hay que mencionar otro brinco al precipicio por parte del camaleónico Berganza. Esta persona siendo diputado local por Morena e incluso presidente del Congreso, decidió salir del partido guinda, una vez que no fue tomado en cuenta para ser candidato.

Su ambición, aunada a una lectura febril del escenario político, lo llevaron a las filas del partido naranja donde ahora aparece con un dígito en las preferencias electorales. Perdió lo más por lo menos. O bien, como ya lo ha hecho antes, estará en la boleta electoral para ver que puede negociar.

Del lado de Morena y sus aliados, las cosas pintan mejor. No obstante, los retos son mayúsculos cuando se trata de ver al partido guinda como un todo. Porque ahí convergen fundadores, simpatizantes, facciones, expresiones y grupos que no siempre actúan unidos. El reto de ellos es encaminar los esfuerzos en una sola dirección y afianzar la unidad interna. 

Con estas consideraciones quedará armado el escenario para que los votantes hidalguenses, decidan quien los gobernará por seis años. Las opciones se limitan a tener continuidad o a romper esquemas logrando una alternancia.

No obstante, el cambio político no puede ni debe ser conducido por la arrogancia y la vanidad de quienes se reinventan a cada rato y utilizan la guitarra como instrumento político. El estado requiere seriedad y compromiso para encaminar una transformación con rumbo.

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