La historia de un amor…

Creo que en todas las calles parisinas se percibe el amor. Encuentras a muchas parejas tomándose fotos en todos aquellos pintorescos paisajes y monumentos; y aunque la Torre Eiffel es el atractivo más emblemático de la ciudad, el Pont Alexandre III es el lugar de los novios por excelencia.
Considerado como el puente más hermoso y opulento de la ciudad, fue construido como muchos otros monumentos, para la inauguración de la Exposición Universal de 1900. En sus extremos dispone de cuatro impresionantes pilares de 17 metros de altura, adornados con caballos alados dorados, que simbolizan el éxito de las artes, las ciencias, el comercio y la industria. Además de los faros que en toda su longitud, iluminan los paseos de las noches románticas, como en la última escena de “Medianoche en Paris”.
Desde este sitio se puede admirar todo el río Sena y contemplar los “bateaux mouches” pasar. También este puente conecta desde mi antiguo estudio, cerca de Los Inválidos hasta el lado opuesto del “Petit y Grand Palais” que llegan a su vez hasta los Campos Elíseos. Y por supuesto, a lo lejos, se aprecia la maravillosa cima de la madame Eiffel.
Por todo esto, es normal al decirles que todos los días (realmente todos), hay sesiones fotográficas de parejas en el sitio. Se observan novias con hermosos vestidos y novios con glamorosos trajes, posando ante las cámaras para guardar el mejor momento en la mejor ciudad: la ciudad del amor.
Y no los culpo, basta solo con pisarlo una vez para enamorarse. De hecho es uno de mis favoritos, principalmente por el nombre, pero de eso luego les contaré.
Y así es como quedan marcadas las historias de amor: con una pareja, un matrimonio y un sitio mágico preferido. A decir verdad, en toda mi estancia en Francia, siempre quise asistir a una boda, y aunque parece broma, pero es anécdota mis amigos se casaron justo cuando yo ya me encontraba en México. ¡Vaya suerte la mía!
De hecho yo no había tenido un acercamiento tan directo a una boda, desde que se casó mi hermana, y a la cual consideré como la novia más hermosa del mundo. Su vestido era precioso y su cara la imaginaba en todas la novias que veía posando por la ciudad, pero lo que más recordaba era ese brillo en su mirar, difícil de explicar.
Y es hasta ahora, justo este fin de semana, que una de mis mejores amigas celebró su unión nupcial, y acompañarla en sus días, escucharla y verla brillar me transportó a esos días de romance en Paris, de las caminata nocturnas, los besos junto al puente y las parejas sumergidas en eso intangible llamado amor.
Así que en honor a ella y a todos aquellos amores que están en el proceso de una vida por siempre, deseo que todas las promesas y todos los sueños que tengan, se cumplan

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