Andrés Manuel, entre el discurso y la realidad

Por Arturo Hernández Cordero

El pasado martes, el presidente López Obrador dió un discurso ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, en el cual enfatizó sobre el problema de la corrupción a nivel internacional, la mala distribución de las vacunas en la pandemia y la necesidad de priorizar la situación de las personas con vulnerabilidad social y económica, en aras de preservar la paz y lograr justicia social.
Básicamente, el Presidente López Obrador adaptó al panorama internacional, el mismo discurso que ha proferido desde iniciado su mandato en México a finales del 2018, y lo hizo en un entorno totalmente favorable a él.
Las capacidades diplomáticas y el liderazgo del titular del Poder Ejecutivo no se vieron nunca en predicamentos durante su comparecencia ante el Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York, como muy probablemente si hubiese sucedido de haber asistido a la Cumbre del G-20, celebrada en Roma los días 30 y 31 de octubre, o a la Conferencia COP26 sobre el cambio climático, que tuvo lugar en Glasgow los días primero y segundo de noviembre.
El asistir a dichos eventos, habría supuesto un esfuerzo por generar propuestas de impacto internacional, establecer compromisos y lograr consensos en materia económica y climática, es decir, habría requerido de acciones puntuales encaminadas a atender algunas de las problemáticas de mayor relevancia que aquejan a la comunidad internacional, más allá de discursos demagogo a los que tan acostumbrado está el presidente.
La ausencia de Andrés Manuel López Obrador en la Cumbre del G20 y la COP26, denotan que la incapacidad del presidente para transformar su discurso en realidades (una constante durante toda su administración en la política interna mexicana), también está presente en su política internacional, lo que sin lugar a dudas relega a México al ostracismo internacional y probablemente le suponga dificultades Geopolíticas futuras. AMLO debe entender que la política internacional tiene una complejidad distinta a la nacional y que velar por los intereses nacionales, en dicho contexto, requiere de mucho más que discursos

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