Ni leyenda negra ni leyenda rosa

Por Arturo Hernández Cordero

Con motivo del día 12 de octubre, día denominado como el “Día de la Hispanidad” o “Día de la Raza Hispana”, ha resurgido un debate que, lejos de lograr la cohesión hispana que pretende la conmemoración de esa fecha, genera divisiones y posturas contrarias: la exaltación o la condena a la conquista española del continente americano.
Cuando se aborda la historia de América, a menudo se hace desde una posición muy a favor o muy en contra de los actos cometidos por los colonizadores españoles, tras su llegada al continente a finales del siglo XV.
Dichas posturas están influenciadas por diversos factores: nacionalidad, religión, ideología política, clase social o pertenencia a un grupo étnico determinado.
Rara vez se aborda el tema de la conquista desde una posición neutral y objetiva, y para tal fin hay que tener en claros ciertos puntos:
• Es imposible emitir juicios sobre actos ocurridos en el siglo XVI desde los preceptos morales, legales e ideológicos del siglo XXI.
• La historia de un continente no admite ser analizada mediante falsas dicotomías.
Dicho esto: concebir la conquista española como un atroz genocidio (leyenda negra) al igual que presentarla como una bella historia de civilización y hermanamiento (leyenda rosa), son ambas posturas incorrectas.
El proceso de conquista del continente tiene muchos matices: es cierto que los españoles, tras casi mil años de disputas territoriales en la península ibérica, eran un pueblo altamente bélico e intolerante, ante cualquier manifestación cultural distinta a la suya, como también es cierto que los principales Imperios Precolombinos, se habían erigido mediante el abuso y sometimiento hacia sus pueblos adyacentes, lo que propició sus caídas.
Es innegable que en el proceso de conquista y evangelización se cometieron abusos, pero también se logró un sincretismo entre españoles y nativos americanos, que dió origen a nuevas sociedades y culturas.
No hay mucho que celebrar ni condenar el 12 de octubre, pero es de gran importancia conocer de nuestra historia y origen.
Por último, los problemas actuales de los pueblos indígenas de América, no encuentran su origen en la conquista, ni su solución en la condena de esta

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