Ejemplo de vida

Hay nombres que pasan a la historia y trayectorias que se proyectan con el tiempo. Es el caso de la doctora Ifigenia Martínez Hernández, quien el día de ayer fue galardonada en el Senado de la República con la medalla Belisario Domínguez.

La actual Senadora cuenta con una fructífera vida académica, diplomática, política y social. No obstante, uno de los capítulos más conocidos fue su activa participación en la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) junto a Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1989.

Después de ser diputada federal en tres ocasiones; senadora del Congreso de la Unión en la LIV legislatura de 1988 a 1991, y en 2017 integrante de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, hoy nuevamente es integrante de la Cámara Alta donde además es presidenta de la Mesa de Decanos.

No obstante, la etiqueta de maestra es la que retrata de mejor manera a la oriunda de la ciudad de México, quien fue profesora de Finanzas Públicas de la UNAM por más de veinte años. De 1957 a 1962 fue catedrática del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericano; en 1960 fue nombrada investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM y en 1967 fue directora de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM. En 1968 fue una de las principales defensoras de la Universidad, tras la invasión del ejército en Ciudad Universitaria.

Ifigenia Martínez fue la primera mexicana que obtuvo una maestría en economía en la Universidad de Harvard, de donde también es doctora. Aunado a lo anterior, otro referente de los estudios económicos en México fue su esposo, Alfredo Navarrete Romero, quien fuera vicepresidente del Consejo de Administración de PEMEX y director de Nacional Financiera; además de haber sido el primer mexicano doctorado en economía por la Universidad de Harvard.

Esos méritos académicos le respaldaron cuando los economistas que gobernaron este país de 1988 al 2000 (Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León), se volvieron fuertes adversaros de la oposición en donde militaba la maestra.

Incluso, en la memoria albergo un capítulo muy representativo. Resulta que en un informe del presidente Zedillo, el PRD boicoteo el ingreso del mandatario al palacio de San Lázaro donde tendría verificativo tal acto institucional. Entre empujones, Zedillo alcanzó a entrar al recinto. Visiblemente enojado recorrió el pasillo cuando coincidió con la maestra Ifigenia, súbitamente todo cambió. Saludó a la maestra con deferencia, sonrió y abrazados subieron a tribuna.

También, en público y en privado, Carlos Salinas se refería a ella con respeto y admiración. Aunque en su actuar político el expresidente fue muy beligerante contra los perredistas, a la maestra no se le podía tocar. Al contrario, para la élite política, Ifigenia ha sido merecedora de calificativos grandilocuentes. 

En su discurso la doctora consideró que “el desarrollo económico, si no va acompañado de bienestar social, no sirve de nada”. Hizo un llamado a la unidad de la República en torno a los grandes objetivos nacionales, que debemos compartir con respeto a la pluralidad democrática.

Y propuso la creación de un órgano plural, con representación de todos los sectores sociales del país, que cuantifiquen y analicen las principales variables económicas de la realidad y las proyecte en un avance ordenado, hacia un futuro que permita lograr, en forma democrática, el desarrollo económico y social del país.

Este órgano colegiado, indicó, se constituiría con el objetivo de diseñar y poner en marcha un nuevo pacto nacional, político, económico y social, sobre cada uno de los pilares de la Cuarta Transformación.

¡Felicidades a la maestra¡

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