Las tragedias a largo plazo

Hace unos días los vecinos del municipio de Tula, se vieron sorprendidos por una lluvia torrencial que trajo como consecuencia el desbordamiento del río y la pérdida de 17 personas y miles de damnificados.  

Este lamentable hecho tiene también una serie de omisiones y negligencias. Por ejemplo, hay evidencia de que las alarmas se realizaron de manera oportuna por las autoridades federales, sin tener eco en los responsables del municipio.

También se pone a discusión el complicado rol que vive esta región, al ser depositorio de las aguas negras del Valle de México. Teniendo en cuenta que buena parte de la producción agrícola se sostiene gracias a este flujo.

Pero lo más complejo de esta problemática radica en la parte de la prevención. Todavía hoy carecemos de una cultura que nos ayuda a paliar los eventos naturales para que no tengan efectos devastadores.

Una muestra de lo anterior, es que las autoridades siguen permitiendo la construcción de fraccionamientos en zonas de alto riesgo, cambian el uso de suelo, liberan la entrega de viviendas cuando carecen de servicios básicos, en fin.  

Como muestra de lo que se sostiene en la ciudad de Pachuca hace unos días también las fuertes lluvias hicieron algunos estragos. Nada comparado con lo que ocurrió en Tula, pero la historia es la misma. La inundación en el sureño boulevard Bonfil, que lleva escasos años que se tuvo que modificar porque alguien no hizo bien su trabajo en relación con el drenaje que por ahí pasa. 

En suma, la mala calidad de las obras, los drenajes saturados por la proliferación de los fraccionamientos y las vialidades sin la pendiente necesaria para desahogar el agua de lluvia tiene como consecuencia la parálisis de la ciudad.

Estamos hablando de un lugar con desarrollos sofisticados que es considerada una zona exclusiva porque colinda con la denominada zona plateada. Pues también ahí, la muy democrática aglomeración de agua hizo de las suyas inundando calles y dejando incomunicados a muchos capitalinos.

El punto es no debemos de acostumbrarnos a estos escenarios. Cada vez que llueve es casi inevitable pensar en el desbordamiento de algún cause y la inundación de algunas vialidades. Esas cosas ocurren porque alguien es ineficiente en su trabajo.

Nos toca a todos señalar esas ineficiencias y tratar de evidenciar a quienes improvisan, economizan o sacan algún beneficio económico de las malas obras que se realizan en la ciudad. Por tanto, las inclemencias del tiempo no pueden evitarse, pero si se puede reducir su margen de afectación.

Por último, vale la pena decir que las personas que lo perdieron todo tendrán que empezar de nuevo teniendo en cuenta que la vida es muy dura cuando los gobiernos son omisos de sus responsabilidades. Sobre todo, cuando se trata de un trabajo de prevención y de manejo eficiente de los recursos.

Aunque en lo anterior parece que no hay sellos ni colores. Porque de todos lados existen las ambiciones de hacer dinero a costa de la integridad de las personas que arriesgan su patrimonio con tal de hacerse de una vivienda, aunque ésta se encuentra en zona de alto riesgo.

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