Abascal y Laje, incómodos para la política mexicana

Por Arturo Hernández Cordero

La presencia del diputado español Santiago Abascal y el politólogo argentino, Agustín Laje, en México ha generado todo un revuelo.
Y es que tanto políticos de izquierda como la rama más liberal del PAN, se han manifestado en contra de la reunión de senadores panistas con referentes de la derecha hispana el pasado 3 de junio en el Senado de la República, en la cual, figuras conservadoras de América Latina y España, firmaron la llamada “Carta de Madrid”, en la que se comprometen a frenar el avance de la ideología de género y los ideales comunistas en pro de la familia tradicional, las libertades individuales, los derechos humanos y la propiedad privada.
Reuniones de esta índole, donde figuras políticas afines a una ideología se reúnen para acordar esfuerzos y voluntades, no son nuevas ni tampoco son exclusivas de la derecha. En el Foro de Saõ Paulo del 2018, de corte izquierdista, asistieron políticos mexicanos como Yeidckol Polevnsky o Fernández Noroña (quien afirmó que “lo querían destapar” en dicho foro), en el 2019, en el Foro de Puebla (también de izquierda), asistieron al país los expresidentes Lula Da Silva y Rafael Correa, ambos procesados por corrupción.
No obstante, al ser Abascal y Laje, dos personajes que han supuesto un dolor de cabeza y un declive para las izquierdas de España y Argentina, se comprende que a los legisladores de la 4T les cause escozor su presencia en México, y los han tachado de fascistas sin sustento alguno.
Santiago Abascal y su partido conservador VOX, se han posicionado como la tercera fuerza política en España y han hundido a la izquierda española. Laje ha liderado un frente conservador junto a Javier Milei, que amenaza la hegemonía Peronista en Argentina. En cambio, en México tenemos en el PAN un partido fragmentado, que ha prostituido sus bases ideológicas innumerables veces en detrimento de fines facciosos, por lo que no es extraño que muchos de sus políticos se manifestaran en contra de la reunión conservadora en el Senado.
En México no tenemos una derecha sólida, mucho menos indicios de fascismo, es la tibieza y la desesperanza por un poco de legitimidad lo que define a la derecha mexicana

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