Martina

Son las seis de la mañana. Martina, una cocinera que vive a las afueras de Tulancingo, hace su desayuno antes de irse a su trabajo. Su sueldo es el único dinero que entra a la casa después de que su marido perdiera su empleo, al igual que 12 mil personas sólo en Tulancingo.
Aunque ya recibió la primera dosis de la vacuna, a veces no duerme por el miedo a contagiarse: sufre de una obesidad moderada y de diabetes tipo 2 (otros 27 mil hidalguenses la padecen) y convive con sus papás, que ya son adultos mayores, pero debe salir a trabajar, no tiene otra opción: si ella no trabaja, su familia no come. Además los créditos semanales no perdonan.
Saca de su bolsa un cubrebocas de tela que lleva usando toda la semana, no sabe que con tanto tiempo de uso, la efectividad es casi nula, pero no puede darse el lujo de comprarse uno nuevo todos los días.
Llega a la parada y busca mantener una distancia sana. Pero la combi viene llena. Viaja agachada porque ha escuchado que la nueva variante del coronavirus es más contagiosa.
Al llegar le esperan diez horas cocinando junto a dos compañeras en un espacio minúsculo por el salario mínimo: 140 pesos diarios.
Los últimos días ha tenido tos, pero espera que solo sea alergia, aunque es consciente de que los contagios siguen aumentando, (sólo el domingo hubo 505 nuevos casos confirmados de Covid-19 en todo el estado).
Por eso al llegar a casa se cambia la ropa y remoja sus zapatos con cloro. Si enfermara, no le alcanzaría dinero para buscar atención médica privada, puesto que los hospitales públicos de Pachuca y Tulancingo ya están saturados.
Su angustia cotidiana también se debe a que tiene que convivir con personas que no se cuidan. Por ejemplo, sus compañeras que siguen haciendo fiestas y convivios sin ninguna precaución, o sus patrones que acaban de regresar de la playa porque según ellos “no pasará nada”.
Este martes le avisaron a Martina que le van a recortar horas de trabajo por las nuevas medidas anunciadas el domingo por el gobierno, pero algo más le roba la calma: su esposo amaneció con diarrea y dolor de cabeza. Él no está vacunado

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