De vacaciones…

Dentro de los destinos más populares para los parisinos en las vacaciones de verano es sin duda el norte de Francia. La región de Normandía es de las más visitadas debido a sus playas reconocidas, sus ciudades pintorescas y sus ciudades góticas relacionadas con la historia vikinga.
Para esta ocasión les contaré un poco de la ciudad de Honfleur y mi aventura al recorrerla en bici.
Mis amigas y yo tomamos un tren hacia el norte de Francia (viajar en tren es muy fácil, nada caro y puedes llevar tu bici dentro). Visitamos juntas una ciudad llamada Le Havre y, aunque el clima no nos favoreció ese día, era un punto clave en nuestra travesía. Después una mosquetera tuvo que regresar por cosas de trabajo y el camino lo continuamos sólo dos.
El recorrido fue todo en bici, trazamos una ciudad destino e iniciamos el viaje. 8am, un café matutino un croque-monsieur y c’est parti!
Después de la tormenta de la noche anterior, el cielo estaba increíble de color azul y lleno de pequeñas nubes. La ciclovía está ubicada prioritariamente a un costado del río y así pudimos disfrutar de maravillosos paisajes.
Nos topamos, por ejemplo, con paredes llenas de zarzamoras, pues es la temporada, y después con una parvada de cisnes que realmente nos hizo soñar. Las rutas son seguras y llenas de señalamientos. Entonces, lo emocionante, e interesante si no tienes condición física, son las constantes pendientes y por supuesto el cruce del “Pont de Normandie”.
El puente de Normandía en español, es el puente que atraviesa todo el río Sena para unir ciudades, de 2200m de longitud, y ¡lo hemos cruzado el bici! ¡yeih!… pero eso les contaré después.
Llegamos a la ciudad de Honfleur por un pequeño camino junto a los veleros. Encadenamos nuestras bicis y disfrutamos de la ciudad. Allí la población es predominantemente de edad mayor pero también se observan grandes familias de turistas; de ahí que dos mexicanas, treintañeras en bikini llamaran mucho la atención.
Visitamos la iglesia de Santa Catalina, caminamos por sus callejones empedrados y pintorescos hasta llegar al viejo estanque o “Vieux Bassin”. Cabe mencionar que, después de la Guerra de los Cien Años, aquí comenzó una importante actividad pesquera y actualmente la gente visita para degustar de la basta variedad de mariscos. Como ejemplo una cazuela de mejillones, papas fritas y cerveza o vino blanco que es lo popular.
Más tarde, continuamos caminando por la pequeña ciudad para admirar la arquitectura medieval de sus casas y los botes. Recuerdo bien que el calor oscilaba entre los 35°, por lo que nuestro cuerpo pedía un chapuzón en el mar. Así que recuperamos nuestras bicicletas y continuamos nuestro andar. Y bien, esta historia aún no llega al final, pero espero, como cada semana, haberlos contagiado un poco de este increíble intercambio cultural

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