Hay algunas tragedias que tienen su origen en una mala decisión política. Ese podría ser el caso de los lamentables acontecimientos que cobraron la vida de 25 personas en el desplome de dos vagones del metro de la CDMX.

Construida con apuros, la línea 12 del metro tuvo desde el inicio, una desafortunada historia. El precursor de ésta, Marcelo Ebrard en su calidad de Jefe de Gobierno de la capital del país, apresuró su culminación para que los tiempos electorales le fueran favorables y pudiera ser él mismo, quien entregara la magna obra antes de la elección presidencial de 2012.

Los planes políticos de Ebrard en ese momento se frustraron, así como la posibilidad de que los viajeros estrenaran la nueva línea del metro. Porque desde su inicio, la operación de esta vía tuvo problemas. Se decía que los materiales que se utilizaron para que funcionara, no eran los indicados. Se especuló sobre los rieles, los vagones, etc. Al cabo de un tiempo y con el cambio de gobierno se decidió hacer las correcciones necesarias y algunas estaciones estuvieron cerradas cerca de dos años.

La cuestión es que desde su origen había fallas estructurales que elevaron su costo inicial y que dejaban nuevamente al gobierno en una encrucijada. O se invertía una buena cantidad de dinero para corregir lo mal hecho o se quedaba la obra como un “elefante blanco”.

Años después, con las deficiencias descritas pasó una tragedia. Y muchos de los usuarios tiene la sensación de que todo tiene su origen en la suma de complicidades políticas y económicas, que están en la base de esa construcción.

Por un lado, los intereses económicos de Carlos Slim que a través de una de sus empresas fue la encargada del proyecto. Por otro lado, el actual secretario de Relaciones Exteriores, que estuvo en el ojo del huracán por presuntamente apresurar la culminación de la obra, por así servir a sus planes y también el responsable de las finanzas de la ciudad, Mario Delgado. Sin olvidar a Miguel Ángel Mancera, encargado de “reparar” los desperfectos de esa nueva línea del metro años más tarde. 

Al menos estos políticos están señalados por negligencia. Cada uno desde su ámbito de competencia. Y aunque nadie quería que ocurriera una desgracia el tiempo se encargó de recordar que lo mal hecho tiene sus consecuencias.   

Es cierto que los accidentes pasan. Pero la mayoría de ellos se pueden evitar. No obstante, en estos hechos el criterio que se aplica es fincar responsabilidad a as autoridades que fueron omisas o que participaron directamente en la construcción de un proyecto. 

No hay que ir muy lejos para encontrar un referente. Hace poco tiempo, derivado de un sismo un colegio particular, se desplomó dejando sin vida a menores de edad. El castigo fue ejemplar. Las acciones legales se dirigieron a la directora del colegio, quien hoy está en la cárcel.

En sus alegatos la maestra con lágrimas en los ojos, trataba de explicar a la autoridad que ella no quería que ningún niño muriera en su colegio. Que ella había requerido los servicios de un arquitecto para hacer un edificio y éste realizó su trabajo de manera deficiente. 

Eso no sirvió de mucho porque la maestra está cumpliendo una condena en la cárcel. Hay paralelismo en los casos citados. Solo falta ver quien de los responsables tiene que pagar por los recientes hechos. Aunque en ese afán, queden truncas sus aspiraciones políticas.

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