Un debate necesario

Merece una reflexión de fondo el intento del Instituto Federal Electoral (INE), de no “difundir” en los diferentes medios de comunicación, las conferencias mañaneras del presidente López Obrador. Lo anterior, porque la autoridad electoral considera que aquel espacio se utiliza para promocionar los logros y avances del actual gobierno, lo que genera una condición de inequidad en el proceso electoral que se avecina.

En otras palabras y según el árbitro de los comicios, todos los días el presidente se convierte en un promotor del partido político al que pertenece. En esa tesitura, de seguir las conferencias matutinas en los medios como hasta ahora, las elecciones tendrán un sesgo significativo porque los otros partidos políticos no cuentan con un esquema de comunicación social similar al del presidente.

Cabe aquí la primera aclaración ¿Qué son las conferencias mañaneras? Un ejercicio de comunicación, un espacio de rendición de cuentas, diálogos circulares, como los califica López Obrador; o bien, se trata de una estrategia de comunicación que sirve para posicionar todos los días un proyecto político.

De tal suerte que el inicio del debate radica en la definición del ejercicio mañanero. Para los que consideran que un gobierno tiene que informar a través de los diferentes mecanismos lo que pretende hacer el INE ciertamente es censura.

Pero para los que están en la idea de que el presidente tiene una tribuna envidiable y que se beneficia de los medios oficiales, tradicionales y alternativos, lo que pretende el INE es pertinente para generar condiciones de competencia electoral parejas para todos.

Sin embargo, hay que ser muy preciso en los términos porque la pretensión del órgano autónomo es que el presidente siga informando. La prohibición radica en que no se difunda ese ejercicio mientras hay elecciones.

Dicho de esta manera no suena tan radical. Pero, de cualquier manera, para el gobierno y en particular para el presidente, lo que viene haciendo todos los días es un ejercicio de información que reproducen los medios por cuenta propia. Es decir, no se utilizan, ni contratan, ni comercializan con esos tiempos de radio y televisión. Por lo tanto, esa “difusión” queda exenta de la reglamentación en la materia.

A lo anterior, habría que agregar que el propio López Obrador fue uno de los críticos más severos cuando en el año 2006 el presidente Vicente Fox, opinaba sobre el proceso electoral de ese año. Para nadie es un secreto que Fox utilizó todos los medios a su alcance, para debilitar a su rival político hasta generar una imagen del tabasqueño de violento e iracundo. En ese contexto se entiende el tristemente célebre “cállate chachalaca”.

Pues bien, 15 años después la vida pone nuevamente este debate en el escenario nacional. Y lo hace con uno de los actores que lo promovió. Solo que ahora López Obrador es presidente y todos los días tiene un micrófono abierto por más de dos horas.  

Lo cierto es que el presidente sostiene sus altos niveles de aprobación gracias a que promueve una imagen de servidor público que trabaja todos los días desde temprana hora. Y de eso hay constancia gracias a las mañaneras. Si esto no se difunde se desquebraja esa imagen.

La autoridad electoral puede llegar lejos pero no tanto. Este asunto de prosperar podría llegar a los tribunales electorales y mientras eso se judicializa las conferencias seguirán. Pero más allá de eso, lo que vale la pena es realizar un debate serio sobre las mejores condiciones para celebrar un ejercicio electoral. Después de tantos años lo merecemos.

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