La reelección legislativa

En el próximo proceso electoral para renovar diputados locales y federales hay un elemento nuevo. Resulta que será la primera vez que los actuales legisladores, podrán reelegirse por un periodo más. Lo anterior, hay que recordar, siempre y cuando sean postulados por el mismo partido político que actualmente representan.

La pregunta es, ¿Quiénes de los actuales integrantes del parlamento local y federal buscarán esta posibilidad? Pero quizá, lo más pertinente sería cuestionar ¿qué opinan los electorales sobre sus representantes en el poder legislativo? ¿Esos representantes populares cumplieron a cabalidad con el mandato que se les asignó?

Esas preguntas son válidas una vez que algunos de ellos buscarán repetir en el encargo. Hay que decir que no basta con la intención, sino que todavía tienen que pasar por la aduana de las urnas. Es decir, refrendar el apoyo popular de los electores en la demarcación política correspondiente. 

Es bien sabido, que los diputados no gozan de buen prestigio. A nivel local, nacional e incluso mundial, los representantes del poder legislativo tienen un reducido reconocimiento. Se les ve como personas que trabajan poco, ganan mucho y solo buscan espacios de poder, para mantener un estatus activo en la política.

En este sentido, ¿Qué debería de hacer un diputado para que los votantes decidan reelegirlo? Debería hacer un impecable trabajo en aquella soberanía, tener presencia territorial, impulsar leyes y reformas en beneficio de sus electores, ser un contrapeso al poder ejecutivo, auditar y vigilar el funcionamiento de la administración pública, entre otros.

Con estos parámetros, pocos diputados estarían en la posibilidad de ser considerados como prospectos para la repetición del cargo. Por ejemplo, en el ámbito local, algunos de ellos probaron suerte para competir en la reciente elección municipal. Pocos tuvieron la fortuna de concretar sus pretensiones. La mayoría tuvo que regresar al inicial encargo, con el estigma de buscar el beneficio personal antes que el bien colectivo.

Hay mucho que aprender del proceso legislativo. Por principio de cuentas esa materia exige un alto nivel de especialización, la cual es escasa en la integración de las Cámaras. En realidad, son pocos los perfiles que cumplen a cabalidad con el nivel de exigencia que requiere revisar leyes, hacer dictámenes, proponer reformas legislativas, entre otros.

Por tanto, será difícil que los actuales integrantes del poder legislativo puedan ser beneficiados con un periodo más de trabajo. Es cierto que apenas nos perfilamos hacia el fortalecimiento de un sistema parlamentario. Es decir, venimos de una tradición de poder concentrado en una sola persona que gozaba de cómodas mayorías en el congreso.

De tal suerte, que con los cambios en el sistema político ahora se requieren de altos perfiles en los órganos de representación. Y muchos de ellos, al menos de los actuales diputados, no tienen ese perfil. Hay que trabajar afanosamente para crear nuevos cuadros y dignificar el papel de los legisladores.

Lo anterior, sin embargo, solo se puede hacer renovando a la clase política. Hacer un ejercicio de evaluación exhaustivo para poder refrendar un voto para quien trabajó en función de su responsabilidad y castigar a los oportunistas que buscan solamente hacerse de cargos de elección.

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