18 de octubre, la última palabra es el voto

Los partidos ya no hacen los nombres

DEGRADADA

NATURALEZA

PARTIDISTA

Las elecciones constitucionales en el Estado de Hidalgo, entraron en la recta final, en medio de una descomposición política y social, que impactan históricamente desde el centro de la salud pública, con una normalidad obligada, de la que depende la sobrevivencia del pueblo mexicano, en un juego de vida o muerte, en el que la incredulidad y desobediencia ciudadana, son la causa principal en el avance de los más de 77 mil muertes y casi 750 mil contagios.

Los constantes errores y desaciertos del gobierno federal en este tema, cambian el panorama nacional y hoy en día, representa un desaliento político casi generalizado difícil de cambiar por la lección aprendida el 2018 y los escasos resultados de los representantes populares del Partido Movimiento Regeneración Nacional, que esperan verse favorecidos en las urnas sin la mayor motivación que la figura presidencial.

Tal vez las y los candidatos que ganen la contienda el próximo 18 de octubre, en las 84 alcaldías de esta entidad, no serán los más calificados sino los menos descalificados por la ciudadanía. Así se han definido las votaciones en los últimos 20 años, cuando la alternancia en el máximo poder y representatividad en nuestro país, se mostró como una esperanza de cambio y de transformación.

El último aliento de los opositores del PRI, PAN, PRD y los otros institutos políticos, está por definir su supervivencia política. Será este mes determinante, ya que marcará el futuro del priismo hacia la gubernatura el 2022. Por eso el ejercicio legítimo y lo más transparente posible para triunfar con las consideradas mejores cartas del mandatario hidalguense Omar Fayas Meneses, mientras los panistas procurarán consolidarse como la tercera fuerza en la entidad, a pesar de las desbandadas de sus militantes y crisis interna, entre sus líderes en la lucha por el poder.

Las tendencias políticas comienzan a definir, a partir de este primero de octubre la supremacía de candidatos que por su experiencia, lealtad y arraigo, suman más simpatizantes en unas campañas impulsadas en las redes sociales, como la nueva alternativa tecnológica, cuando en el perfil de cada contendiente resalta por jugar limpio y con buen juicio captan el mayor interés de las distintas sociedades para ejercer un voto razonado.

La naturaleza de los partidos políticos se ha degradado al punto de tener que crear nuevas instituciones (“podemos” y los Independientes) para legalizar los triunfos electorales con la mínima participación de ciudadanos.

Los hidalguenses poco a poco han ido abandonado, la voluntad de acudir a sufragar porque prefieren mantener una crítica a distancia, y no precisamente por el problema de la pandemia, más bien es cuestión de que han dejado de creer en falsas promesas y compromisos que se no se cumplen o se cumplen a medias.

El deterioro de la economía, el desempleo, la inseguridad y la educación a distancia son la mayor preocupación de las familias hidalguenses que sufren cada una de las consecuencias epidemiológicas. Esta situación delicada aleja de los reflectores de la sociedad a los actores políticos y la libertad de las ideas, del descontento, hartazgo, desconfianza y de la incredulidad quedará marcada en las boletas que sean depositadas dentro de las urnas en 16 días como quizá el único mensaje de unidad.

Los políticos de todos los partidos sin excepción juegan al sube y baja, gana y pierden elecciones sin mantenerse en una línea de poder, con excepción de la gubernatura que es un pastel sin cereza.

Los hidalguenses decidieron hace años, romper con la rutina tricolor en las presidencias municipales, diputaciones locales y Congreso de la Unión, pero cayeron en una trampa mayor en la búsqueda incesante de lograr, a través del verdadero cambio, una vida de progreso, pero… quién sabe si esta posibilidad aún exista.

EN EL NOMBRE

DE CANDIDATOS

Política desechable es la escalera hacia la cima del poder, desde lo municipal como el primer peldaño. Quiérase o no, desde el PRI comenzaron a resaltar los nombres y apellidos de aquellos “desafortunados”, que resultaban candidatos a distintos cargos de elección por el voto ciudadano y que obviamente se declaraban como ganadores desde el momento de su nominación.

Esa vieja tradición se ha ido perdiendo en el tiempo, igual que las raíces y los grandes personajes rodeados de lacayos que escenificaron verdaderas fiestas con música de banda, aplausos, abrazos y sombrerazos en el nombre de la democracia, aunque nunca la respetaron.

La transformación y degradación de la política y los políticos en la actualidad, han llevado a buscar cualquier personaje que llenos de popularidad e ignorancia, puedan lograr la victoria para no desaparecer.

Artistas, deportistas y todo personaje famoso, ha ridiculizado el sentido de la política y representatividad ciudadana intentándolo todo por mantenerse en los reflectores. Las banderas partidistas, coquetean entre sí sabiéndose perdidos de su autenticidad y capacidad de salir triunfantes en las elecciones en unidad, con sus militantes y simpatizantes.

Los líderes se han convertido en buscadores de talentos, que los representen ante el poco valor popular que representan al día de hoy. Hace veinte años parecía improbable que los dirigentes compartieran el pastel con sus más acérrimos oponentes, a quienes en ocasiones extremas, tenían que comprar, literalmente, para simular una rivalidad que los llevaría a ganar espacios en cargos públicos, sin el mayor reclamo se la gente.

Hoy muy pocos ciudadanos toman en serio a los partidos y a sus dirigentes, porque al parecer prefieren el espectáculo, a seguir creyendo en profetas emanados del mismo PRI.

Este mal necesario ha provocado una parálisis muy peligrosa para el desarrollo y progreso de nuestro “México Mágico”, al que no queremos ver como un paraíso imaginario, sino como un país productivo enfrentando cada día, una lucha de supervivencia con la capacidad de cada ciudadano en su trabajo o en el proceso de los estudios y aprendizaje de los niños y jóvenes, como la única alternativa de nuestro futuro venciendo la ignorancia.

Las dirigencias partidistas se han convertido en agencias, que buscan candidatos a cambio de seguir conservando la fama y la fortuna, que ha pasado con frecuencia de generación en generación. Separados los líderes, se ven tan distintos enfrentándose en guerras mediáticas, pero la rivalidad dura muy poco y al final, sucede que son ramas de un mismo árbol y ya no hay nada que descubrir y la risa triunfante de la gente, se vuelve decepción y arrepentimiento.

Ahora bien, que esperamos en las votaciones de este 18 de octubre en Hidalgo, tras la marginal caída en la popularidad del Presidente López Obrador y de su partido (Morena), al que ahora pertenecen ex panistas, ex priistas, ex perredistas y ex de todas las corrientes políticas e ideológicas, que se refugiaron en una sola figura esperando que el voto de los hidalguenses, se replique en un escenario tan difícil y crítico, en el que no se permiten más experimentos.

En un escenario alejado de la mercadotecnia y propagandas millonarias, que escenificaban un ridículo circo político e inútil, que acompañaba los mensajes de los candidatos con pancartas haciendo alusión a muchos triunfos que se quedaron en el camino.

El único mensaje del pueblo es el voto, que aguarda en secreto la única manifestación de justicia… hasta entonces.

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